Narcissa Black.

Cuando terminé de almorzar, me limpié con meticulosa elegancia en la servilleta y cogí una manzana roja y brillante de una de las bandejas más cercanas.

Comer con Derek había sido todo lo agradable que se podía esperar de alguien que contaba milimétricamente las calorías de su comida, de la tuya y de la del vecino y que, encima, te miraba con desaprobación si te servías una cucharada de más. Al final me había hecho sentir algo culpable y olvidarme de tomar postre… pero, en su favor, diré que también había pasado un buen rato.

– Esta me la guardo para luego – murmuré, dándole vueltas en mi mano. Después sonreí y me levanté de la mesa, arreglando mi falda de forma distraída. Entonces noté algunas miradas en mi trasero y otras que siguieron mis movimientos, pero en cuanto me giré para comprobarlo, todas me esquivaron rápidamente. Sonreí vanidosa – Nos vemos en un rato. Pociones, ya sabes – aclaré y le guiñé un ojo a Derek antes de dar media vuelta y caminar hacia la salida, jugueteando con aquella manzana entre mis manos. Continue reading

Samuel Collins

Me quedé estático, ojiplático, cuando Lorelai le lanzó una boñiga a Grey contra el pecho. Entreabrí la boca al tiempo que escuchaba risas de otros alumnos, y de la misma gryffindor a mi lado, que empezó a canturrear. Solté una leve carcajada mientras la observaba correr hasta ocultarse tras Lightwand, que recibió otra boñiga por parte de Grey.

- ¡Grey! ¡No juegues con tu comida! – exclamé mientras veía de reojo a Lore correr para ocultarse detrás de mí – No tengo la espalda de Lightwand, sirvo una mierda como escudo… ¡Mierda! Qué redundante…

Hinqué la pala que todavía sostenía en la pila de excrementos, y tras cargarla describí medio arco con ella para lanzarle lo que había recogido con ella a Grey. Le dio en el estómago, pero fue tanta la cantidad que el golpe debió ser fuerte porque le hizo doblarse un poco.

- ¡Lárgate ya, Grey! Vete a tocarle los huevos a alguien que de verdad quiera.

James Potter

Como todos los martes, James Potter tenía clases a las 9 de la mañana.  Lo sabio habría sido que el moreno se levantara con anticipación -considerando que el desayuno terminaba a las 8 y media- pero como siempre, se despertaba tarde.

Las cortinas de su cama se encontraban cerradas, por lo que los rayos de sol que se filtraban por la ventana no lo alcanzaban.  Al menos hasta que Peter Pettigrew las abrió.  James hundió la cabeza en la almohada, pero su amigo no tardó en sacudirlo.

-Vamos, Cornamenta, ¡no alcanzarás a desayunar!-

-Déjame.-  Se quejó James, empujándolo a ciegas con un brazo.

-No, que después estarás de malas todo el día, y no quiero aguantarte.- James alzó la cabeza un poco.  Colagusano no solía decir cosas así.  Pero no se lo pensó mucho, pues ahora que las cortinas estaban abiertas, pudo observar que la cama de Canuto estaba vacía, y lo más probable era que la de Lunático también.  Gruñó descontento, pero no tardó en incorporarse y levantarse de la cama.  -Ve sin mí, ya los alcanzo.-  Le dijo, antes de sacar el uniforme de su baúl y dirigirse al baño.  Su reloj -que no se había sacado para dormir, le informó que eran las 7 y media de la mañana.  Se colocó los lentes -tenía problemas para ver de lejos, como casi todos sabían-, pero se los sacó pronto antes de darse una ducha rápida.  Se vistió y, luego de mirarse el espejo y cerciorarse que su cabello estuviese lo suficientemente desordenado, salió, tomando el bolso donde acarreaba sus libros y salir a paso apresurado camino al Gran Comedor.

Continue reading

Master

- Claro, querida; me sorprende que no sepas lo que se rumorea por ahí.

Rita Skeeter sonrió con suficiencia y se echó los rizos dorados hacia atrás, dando a entender que estaba rodeada de inútiles. Ella consideraba a esas serpientes como sus amigas, pues tenían una lengua casi tan bífida como la suya, pero a veces parecían estúpidas. Sin embargo una reina debe de tener sus vasallas, y aquellas muchachas era la mejor corte que había podido encontrar en aquel castillo.  Continue reading

Narcissa Black & Derek Lewis

Narcissa: Por Merlín, sus barbas y toda su familia… Por muy sangre sucia que pudiera ser Derek Lewis, que me abriese la puerta con sólo una toalla, hacía que se me pasaran imágenes muy, pero que muy sucias por la cabeza.

Tardé unos segundos más de los previstos en reaccionar, dejando en el aire la mano con la que estaba llamando a la puerta segundos antes. Me había cogido un poco por sorpresa – y a quién no -, pero disimulé pasándome un mechón por detrás de la oreja y puse mi mejor cara de niña buena.

– ¿Te parece suficientemente serio el hecho de que me aburro más que un grindylow en época de sequía? – parpadeé exageradamente y entré entonces con familiaridad en su habitación, dejándome caer elegantemente en su cama – Los lunes son desesperantes y más después de dos interminables horas de Historia de la Magia – suspiré – Aunque he oído que otras clases han sido mucho más interesantes… – me giré hacia él, apoyando la cabeza en el brazo flexionado y con una sonrisa ensayadamente ingenua – ¿Sigues dándote carreritas por los terrenos, Derek? – cambié de tema como quien no quiere la cosa.

Derek: Me reí a carcajada limpia con lo de los gryndylow, esta chica para ser rubia se le ocurren buenas comparaciones. Observé como se acomodaba y se sentaba en mi cama, en mis sabanas, ¡en mi territorio más íntimo y personal! Si no fuese porque nunca se me ocurriría gritarle a una dama, ya le habría dicho que bajara su precioso culamen de ahí.

Además, unos calzones verdes – ya algo usados y de apariencia gastados – en los cuales mi madre había bordado mis iniciales con hilo plateado, estaban en un lateral al lado de la rubia, a tan sólo unos centímetros ¡qué vergüenza! – ¿Carreritas por los terrenos? Todos los días, ya sabes que va en mí. – Hablando de vergüenza, no me había percatado de que aún llevaba la toalla puesta y, a decir verdad, no me sentía del todo cómodo. Con un rápido movimiento que, por su reacción pareció pillarle desprevenida, agarré la ropa antes de que su mirada se desviara y se fijase en mis bochornosos calzoncillos.

- Si te aburres, y si tu futuro maridito te deja… – comenté, esto último en un tono quizá más puntilloso de lo que pretendía. Me alejé hasta adentrarme en el cuarto de baño para ponerme la ropa y cuanto más me alejaba más me obligaba a subir el tono de voz –…te puedes apuntar conmigo cualquier día, te preparo una buena tabla de ejercicios y te aseguro que en unos meses tu chico se querrá comer hasta un pastel de calabaza sobre tus abdominales – Me eché a reír, de manera torpe y costosa, hablar mientras te vistes y no sonar gilipollas es misión imposible.

Continue reading

Lorelai Lewis

- Sí, el mono te quedaría fabuloso.

La voz aguda, la burla latente. Alex había venido para tocar los huevos; eso era algo que sabíamos los tres. Capullo elitista. Lo quería, sí, pero a veces lo estrangularía. Puro amor fraternal. Y en esos momentos, la única forma que tenía para defenderme era insultarlo y reírme de él tanto como él de nosotros. Cuando Sam soltó que era una mierda de Slytherin, me levanté, hundí el guante en la mierda y, tras coger un buen puñado, se lo tiré a la cara a Alex.

No acerté, pero una boñiga oscura le resbaló por la camisa hasta caer al suelo con un simple choff. Todos nos quedamos en silencio. Algunos de los que ya se habían alejado del grupo de Cuidado de Criaturas Mágicas se rieron a carcajadas; yo los imité. Esa era mi pequeña venganza por ser tan gilipollas.

- ¡Alexander Grey está lleno de mieeeerdaaaa! –canturreé.

Le dediqué otro corte de mangas y rodeé la montaña de excrementos hasta ponerme detrás de Jace. Me aferré a él (no era una excusa para toquetearlo, lo juro), intentando protegerme de la ira inminente del Slytherin, que parecía no comprender muy bien todavía lo que acababa de pasar. Alex se quedó ahí, de pie, procesando los acontecimientos, hasta que alzó la vista hacia mí y frunció el ceño.

- Te vas a arrepentir de esto, Lorelai.

Y nada más decirlo, cogió otra buena cantidad de mierda y la tiró contra nosotros. Yo me agaché, pero le dio de lleno a Jace. Punto para mí. Correteé esta vez hacia Samuel; estaba claro que Lightwand se iba a chinar e iba a seguir con la guerra de bolas. Si hubiera sido barro hubiera dado menos asco, pero al tratarse de putas evacuaciones de dragón debía protegerme.

- ¡Sé un hombre y lucha por la dama, Sammy! –grité.

Samuel Collins

Mi protesta había quedado en nada, mi protesta se había quedado en un montón de mierda de dragón. Soportar el olor no me era difícil, ni siquiera aquella tarea me resultaba repugnante, al fin y al cabo, aquel era el ciclo de la naturaleza, estaba bien si aquello que amontonaba junto a Lewis y Lightwand servía para abonar las especies de Herbología. Lo que ya no me gustaba tanto es que las clases prácticas de CCM seguían en pie, y aunque en aquella hora Berrycloth solo parecía estar soltando sus habituales retahílas no pasarían muchas clases de ese estilo hasta que comenzaran las prácticas. Cumpliría mi castigo, desde luego, pero formalizaría una queja ante la mismísima dirección de Hogwarts justo después.

Continue reading

Derek Lewis


Amaba las horas libres, ¿quién en su sano juicio no lo haría? Aunque empezar la semana con dos horas seguidas de Historia de la Magia con Binns es algo que haría arrancarse los ojos a más de uno… fueron dos horas no muy bien invertidas, la verdad. En mis libro ya era difícil encontrar un hueco para escribir en el que no lo hubiesen hecho mis hermanas antes, es lo que tiene ser el pequeño… lo heredas todo.

Después de aquella dos horas de tortura a la que pude salir sin secuela mentales, me cambié rápidamente con algo más deportivo y fui a correr alrededor del castillo unos treinta minutos, ese profesor fantasma me ponía realmente de los nervios y correr descargaba todo aquello. Era algo a lo que estaba tan habituado que no hacerlo me hacía sentir incompleto. Además no recuerdo haber respirado un aire tan puro nunca, y los paisajes de los terrenos que se expandían hasta el horizonte eran realmente sobrecogedores.

Continue reading

Jace Lightwand


Jonathan Lightwand, nunca podrás mirar a la cara a McGonagall o a Sprout, nunca jamás, ¡te han visto el rabo! Y ellas tienen como…puff, ¿cuánto?, ¿ciento sesenta…años?, ¿siglos? Habrán visto muchos rabos en su vida… bueno, quizás Minerva no tanto…

- ¿Preguntas? – Aquello desvió los pensamientos de Lightwand y volvió a la realidad, donde la mierda le llegaba a las rodillas. Esta realidad apestaba. El profesor Berrycloth hablaba a su clase, a duras penas, pobre hombre… le costaba hasta respirar. – Yo tengo una pregunta, ¿por qué no hace como que se cae y me come un rato…? – Por suerte no lo dijo lo suficientemente alto y nadie pareció reaccionar, pero el chaval estaba intentando no destornillarse de risa.

Continue reading

Amélie “Emily” Dufour

EmilyEmily se arrepentía de haber tomado Cuidado de Criaturas Mágicas.  Era mucho más fácil cuando las clases eran teóricas, y no tenía que lidiar con criaturas reales.  La mayoría le daban asco, y gran parte de las tareas que les asignaban eran más repugnantes aún.  Hacía años que habían decidido hacer clases teóricas, gracias al maltrato de los alumnos hacia las criaturas.  Alumnos que, en su gran mayoría, eran Slytherins.

Fue debido a esto que Emily se sintió bastante aliviada cuando el profesor Berrycloth anunció que su primer trabajo sería un ensayo sobre las Banshees.  Quizás el profesor no tenía ni el más mínimo sentido de la moda y la mayor parte del tiempo parecía un vagabundo, pero al menos no la haría sufrir.  La Slytherin sonrió satisfecha ante la tarea, aun que la sonrisa no duró mucho.  Su mirada se desvió del profesor por unos segundos, para caer en Alexander Grey, que miraba la clase desinteresado.  No la estaba mirando, pero Emily sintió que su corazón se detenía.  No habían hablado desde aquella tarde bajo las gradas, y aunque ella había estado haciendo todo lo posible para minimizar el contacto entre ellos, no podía evitar sentirse mal.  No le gustaba estar -pseudo- peleada con su mejor amigo.  Odiaba la incomodidad que ella misma había causado.  Estaba harta.  Si pudiera volver en el tiempo y evitar besarlo, lo haría.

Su mirada siguió a Alex a medida que se alejaba de la clase hacia donde Lorelai, Jace y Collins cumplían su castigo.  O al menos los últimos dos, ya que Lore parecía haberse rendido y se encontraba sentada en el suelo observando cómo los demás trabajaban.  Alex le dijo algo que Emily claramente no escuchó, y la castaña volvió a concentrarse en la clase.  Le era demasiado doloroso ver cómo Alex y Lore no parecían tener ningún problema.  Quería que las cosas se arreglaran de una vez, ojalá sin ninguna intervención de su parte.  Pero tenía claro que eso no ocurriría.