

Narcissa: Por Merlín, sus barbas y toda su familia… Por muy sangre sucia que pudiera ser Derek Lewis, que me abriese la puerta con sólo una toalla, hacía que se me pasaran imágenes muy, pero que muy sucias por la cabeza.
Tardé unos segundos más de los previstos en reaccionar, dejando en el aire la mano con la que estaba llamando a la puerta segundos antes. Me había cogido un poco por sorpresa – y a quién no -, pero disimulé pasándome un mechón por detrás de la oreja y puse mi mejor cara de niña buena.
– ¿Te parece suficientemente serio el hecho de que me aburro más que un grindylow en época de sequía? – parpadeé exageradamente y entré entonces con familiaridad en su habitación, dejándome caer elegantemente en su cama – Los lunes son desesperantes y más después de dos interminables horas de Historia de la Magia – suspiré – Aunque he oído que otras clases han sido mucho más interesantes… – me giré hacia él, apoyando la cabeza en el brazo flexionado y con una sonrisa ensayadamente ingenua – ¿Sigues dándote carreritas por los terrenos, Derek? – cambié de tema como quien no quiere la cosa.
Derek: Me reí a carcajada limpia con lo de los gryndylow, esta chica para ser rubia se le ocurren buenas comparaciones. Observé como se acomodaba y se sentaba en mi cama, en mis sabanas, ¡en mi territorio más íntimo y personal! Si no fuese porque nunca se me ocurriría gritarle a una dama, ya le habría dicho que bajara su precioso culamen de ahí.
Además, unos calzones verdes – ya algo usados y de apariencia gastados – en los cuales mi madre había bordado mis iniciales con hilo plateado, estaban en un lateral al lado de la rubia, a tan sólo unos centímetros ¡qué vergüenza! – ¿Carreritas por los terrenos? Todos los días, ya sabes que va en mí. – Hablando de vergüenza, no me había percatado de que aún llevaba la toalla puesta y, a decir verdad, no me sentía del todo cómodo. Con un rápido movimiento que, por su reacción pareció pillarle desprevenida, agarré la ropa antes de que su mirada se desviara y se fijase en mis bochornosos calzoncillos.
- Si te aburres, y si tu futuro maridito te deja… – comenté, esto último en un tono quizá más puntilloso de lo que pretendía. Me alejé hasta adentrarme en el cuarto de baño para ponerme la ropa y cuanto más me alejaba más me obligaba a subir el tono de voz –…te puedes apuntar conmigo cualquier día, te preparo una buena tabla de ejercicios y te aseguro que en unos meses tu chico se querrá comer hasta un pastel de calabaza sobre tus abdominales – Me eché a reír, de manera torpe y costosa, hablar mientras te vistes y no sonar gilipollas es misión imposible.
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